En la serie «Flowers», Pedro Martínez Marín explora la vida, la muerte, la belleza y la decadencia utilizando como lenguaje visual manchas y pinceladas que nos recuerdan a flores. Estas obras nos invitan a reflexionar sobre temas universales. En ellas, el artista crea un universo ficticio -con reminiscencias de los bodegones clásicos– en donde naturaleza y flores, con sus efímeras existencias son un recordatorio de la brevedad de la vida y la fugacidad de la belleza.
Martínez Marín plasma en sus pinturas algo casi contracultural. En un mundo optimizado para la velocidad, la reacción y el consumo, él aboga por la pausa, la reflexión y la profundidad.
Sus pinturas «son» precisamente eso. Son, literalmente, una invitación a bajar el ritmo; a detenerse ante la recreación de algo bello y efímero convertido en imperecedero gracias a la mano del pintor ; a contemplar en lugar de consumir; a llegar a personas sensibles y reflexivas que se sienten abrumadas por el ruido y la superficialidad, ofreciéndoles —a través del arte — el recordatorio de que una vida pausada, profunda, bella y contemplativa sigue siendo posible.