«El artista es su obra y ya no es humano».
Pedro Martinez Marín experimenta con la tensión entre el caos y el control. Se deshace de los límites utilizando materiales poco convencionales en su pintura. Siente que se expande como si quisiera descubrir un nuevo comienzo con un lenguaje muy personal, improvisado y expresivo, ligado también al concepto mismo de la civilización moderna puesta en cuestión. Dobla la pintura con pinceladas, trazos y manchas que manifiestan un fuerte contenido emocional. Este proceso es para Martinez Marín como una catarsis de vida, una celebración salvaje de libertad siempre tan necesaria.
«Podemos tirar, arrastrar, empujar, levantar y conducir.
Podemos imprimir, arar, tejer, calentar e iluminar.
Podemos correr, competir, nadar, volar y bucear.
Podemos ver, oír, contar, leer pintar y escribir».
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(De «El secreto de las maquinas» por Rudyard Kipling)
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