Actualmente vivimos en una paradoja en cuanto a las conexiones humanas. Estamos “super-conectados” digitalmente pero profundamente desconectados emocionalmente.
Miles de amigos online (y la sustitución de la conversación cara a cara, el dialogo directo, y el contacto visual) no reemplazan al sentimiento genuino de una relación afectiva real, creando una ilusión de conexión que produce un vacío emocional y existencial.
A pesar de los beneficios que sin duda nos ofrece la conectividad digital en muchos aspectos, el aislamiento, la soledad, la ansiedad, la sensación de vacío, el sentimiento de inadecuación y falta de autoestima se han convertido en una epidemia global que afecta a la salud mental e incluso física de la sociedad. La desigualdad en el acceso a la tecnología, ya sea por edad o nivel social impide a muchas personas estar conectadas y por tanto participar plenamente, lo cual aumenta la desigualdad.
La importancia de las CONEXIONES sociales autenticas y genuinas aumentan la autoestima, y la resiléncia, y en definitiva repercuten en la salud y la felicidad de ser humano.